I. CONCEPTOS
1. Campo económico
El estudio que ofrece Pierre
Bourdieu en Las estructuras sociales de
la economía (Bourdieu, 2001) supone una aplicación de su teoría de la
práctica al ámbito de las empresas y los mercados. En realidad, su teoría
general describe a todas las prácticas sociales como una “economía” en el
sentido amplio del término, es decir, como campos de lucha, donde la economía
en sentido estricto es solo una forma entre otras de práctica social (Bourdieu,
2007: 83).
El concepto de campo busca
combinar tanto una perspectiva estructuralista como una visión estratégica. Los
agentes se comportan estratégicamente dentro del campo, pero no se trata de
decisiones que obedezcan a una mera racionalidad abstracta e incondicionada,
sino que las estrategias se llevan a cabo dentro de restricciones
estructurales. Los agentes tienen cierta libertad de juego, pero “las
decisiones no son más que opciones entre posibilidades definidas, en sus
límites, por la estructura del campo, y que las acciones deben su orientación y
eficacia a la estructura de las relaciones objetivas entre quienes las
introducen y quienes las padecen” (2001: 224).
En el caso del campo económico,
los agentes son las empresas que compiten dentro de determinado subcampo (que
corresponde con el llamado “sector” económico o “rama” de la industria), cada
uno con sus particularidades. A diferencia de la teoría neoclásica que
considera a la economía como un espacio de actores que se comportan
racionalmente bajo la disciplina del mercado, la tesis de Bourdieu es que este
espacio posee una estructura que ubica a las empresas en posiciones desiguales,
y esta distribución desigual “pesa, más allá de toda intervención o
manipulación directa, sobre el conjunto de los agentes participantes en el
campo, a quienes restringe tanto más el
espacio de posibilidades abierto ante ellos cuanto peor situados están en
esa distribución” (2001: 223).
2. Tipos de capital
La estructura del campo, y por
tanto el estado de fuerzas de los agentes, se define por el volumen y el tipo
de capital que poseen las empresas dedicadas a la producción de bienes
similares. La llamada “participación en el mercado” corresponde con el hecho de
que las empresas controlan una parte del campo, tanto más grande cuanto más
importante es su capital.
No se trata solamente del volumen
de capital, sino también del tipo de capital, pues para Bourdieu la estructura
del campo no se limita al capital reconocido por la teoría económica (es decir,
en la forma de dinero o activos), sino que se trata de un concepto amplio que
incluye varias manifestaciones. En el caso del campo económico son relevantes
los siguientes tipos:
1) Capital
financiero: es el dominio directo o indirecto (por medio del acceso a los
bancos) de recursos financieros. Este tipo de capital tiene cierta primacía,
dado que constituye con el tiempo la condición principal de la acumulación y la
conservación de todas las otras formas de capital.
2) Capital
tecnológico: recursos científicos (potencial de investigación) o técnicos
susceptibles de ponerse en juego en la concepción y la fabricación de los
productos.
3) Capital
comercial: el dominio de redes de distribución (almacenamiento y transporte) y
de servicios de marketing y posventa.
4) Capital
social: es el conjunto de los recursos movilizados a través de una red de
relaciones que procura una ventaja competitiva al asegurar rendimientos más
elevados de las inversiones.
5) Capital simbólico: radica en el dominio de
recursos simbólicos fundados en el conocimiento y el reconocimiento, como la
imagen de marca, la fidelidad a la marca, etc.; poder que funciona como una
forma de crédito, supone la confianza o la creencia de quienes lo padecen.
(2001: 222)
3.
Empresas
dominantes y empresas secundarias
El campo supone una lucha entre
agentes que cuentan con recursos diferentes (distintos volúmenes y tipos de
capital). Estos agentes se enfrentan para tener acceso al intercambio y
conservar o transformar la relación de fuerza vigente.
El dominio de una parte importante
del capital confiere un poder sobre el campo y, por lo tanto, sobre las
empresas menos provistas de capital. Nos encontramos, así, con las firmas
dominantes que ejercen su presión sobre las dominadas y sus estrategias, más
que por intervenciones directas, por el peso que poseen en la estructura. La
empresa o empresas dominantes están en condiciones de imponer las reglas de
juego más favorable a sus intereses; constituyen un punto de referencia
obligado para sus competidores, quienes se ven forzados a tomar posición con
respecto a ellas. Sobre todo, el capital simbólico con que cuentan gracias a su
preeminencia y su antigüedad, les permite recurrir con éxito a estrategias
destinadas a intimidar a sus competidores (2001: 230).
La distribución desigual de
capitales y la existencia de empresas dominantes hace que el campo económico,
como todo campo, tenga una tendencia inmanente a la reproducción de la
estructura. Sin embargo, las estrategias de las empresas que ocupan un lugar
secundario pueden amenazar y eventualmente modificar la estructura del campo,
tratando por ejemplo de bajar los costos y los precios, intentando colmar las
lagunas de la acción de la firma dominante y ocupar ciertos nichos (2001: 230).
4. Estado y campo económico
El campo económico también
establece intercambios con el exterior, y factores externos también pueden
definir la estructura del campo. Dentro de estos factores es de especial
importancia la relación con el Estado.
La competencia entre empresas
asume a menudo “la forma de una competencia
por el poder sobre el poder del Estado –en especial sobre el poder de
reglamentación y los derechos de propiedad—y por las ventajas aseguradas por
las diferentes intervenciones estatales” (2001: 231). La reglamentación y las
intervenciones estatales forman parte de las reglas del juego vigentes, de modo
que, más allá de la competencia estrictamente económica, estos elementos
políticos también forma parte de la lucha entre las empresas; dado el caso,
“las empresas dominadas pueden utilizar su capital social para ejercer
presiones sobre el Estado y obtener de él la modificación del juego en su
beneficio” (2001: 231). Así, el Estado no es solamente árbitro y regulador, sino
que contribuye de manera decisiva a la construcción de la demanda y la oferta.
5. Habitus y espacio de consumidores
Si la estructura del campo
describe el ámbito objetivo de las prácticas sociales, el concepto de habitus
da cuenta de la subjetividad de los agentes. El habitus se constituye como sistema de estructuras
cognitivas y motivadoras, disposiciones subjetivas que son compatibles con las
condiciones objetivas del campo, de las “posibilidades e imposibilidades, las
libertades y las necesidades, las facilidades y los impedimentos”, y preadaptadas
a sus exigencias (2007: 88).
En el campo económico, el concepto de habitus es pertinente
al momento de entender las capacidades y propensiones de los agentes económicos
(como calcular, ahorrar, invertir, etc.), pero también entra en consideración
para el análisis de las condiciones económicas y sociales que determinan las
preferencias de los consumidores (2001: 240).
La teoría del habitus permite caracterizar a los
consumidores como un conjunto de agentes heterogéneos, de disposiciones,
preferencias e intereses muy distintos, pero ajustados a las restricciones de
la estructura del campo económico en su totalidad y de “los subespacios más o
menos restringidos en los que interactúan con un subgrupo limitado de agentes”
(2001: 243). Así, los llamados nichos de mercado son descritos por Bourdieu
como posiciones homólogas entre un espacio de productores y un espacio de
clientes: la competencia entre empresas por el acceso al intercambio con una
categoría particular de clientes “es también y sobre todo el encuentro entre
productores que ocupan posiciones diferentes en la estructura del capital
específico (en sus distintos tipos) y clientes que ocupan en el espacio social
posiciones homólogas a las de estos productores en el campo” (2001: 235). Los
nichos son esa sección de la clientela que la afinidad estructural asigna a las
diferentes empresas, y en particular a las secundarias; sobre todo en el caso
de bienes culturales y de fuerte componente simbólico, es probable que pueda
observarse una homología entre el espacio de los productores y el espacio de
los clientes (2001: 236).
II.
PLANTEAMIENTO DEL PROBLEMA
Esta investigación pretende analizar el mercado
universitario chileno desde la teoría de campo económico. Sin duda, las
universidades constituyen un campo académico propio que va más allá de las
luchas estrictamente económicas, sin embargo, también es evidente que estas
instituciones compiten entre ellas por distintas fuentes de acceso financiero
que luego serán reinvertidos en recursos para esa misma competencia. En ese
sentido, es factible observar la situación de las universidades desde la lógica
del campo económico.
Para este fin, nos concentraremos en uno de los principales
mercados en disputa: la matrícula en carreras de pregrado. Los estudios y la
titulación en pregrado son el producto que ofrecen en común todas las
universidades, y las posibilidades de captación de estudiantes dependen de las
condiciones estructurales que distinguen a las instituciones y les otorgan
diferentes nichos de mercado. Por su parte, la clientela estudiantil elige matricularse
en determinada universidad a partir tanto de los recursos financieros y de
capital cultural con los que cuenta, como de sus preferencias subjetivas, a su
vez ligadas tanto al tipo de oferta de carreras como al prestigio atribuido a
cada institución.
El objetivo de esta investigación es describir este vínculo
entre la estructura del mercado universitario y las características
diferenciadas de los consumidores. Seguimos aquí la hipótesis planteada más
arriba respecto de la existencia de una homología entre, por un lado, las
posiciones diferenciadas de empresas dominantes y secundarias, y, por otro
lado, el espacio de los clientes con sus recursos objetivos y disposiciones
subjetivas.
Formulamos, así, las siguientes preguntas:
1) ¿Cuáles son las características
estructurales que diferencian a agentes dominantes y secundarios en el mercado
de carreras de pregrado en Chile?
2) ¿Cuáles son las disposiciones
subjetivas de los estudiantes de pregrado respecto de la universidad en que
estudian, y cómo se corresponden estas preferencias con la estructura de
agentes dominantes y secundarios?
III.
METODOLOGÍA
Las preguntas formuladas dividen al estudio en dos partes.
La primera supone una descripción general del campo. Dado que existen varios
estudios e información pública acerca del sistema universitario chileno, para
esta primera parte se utilizarán datos de fuentes secundarias (ver referencias
más adelante).
La descripción del campo requiere, como paso previo, una
definición de sus características particulares, en términos del “producto” específico
del que se trata. Adicionalmente, dadas las peculiaridades de este producto, es
de especial importancia describir el papel de las políticas del Estado en la
definición de las reglas del juego y en la estructura de la oferta y la
demanda.
Una vez realizada esta primera aproximación, la descripción
de la estructura del campo supone una comparación de las distintas
universidades según sus niveles y tipos de capital. En primera instancia, seleccionamos
los siguientes:
1) Capital financiero: de acuerdo a estados financieros de las
universidades
2) Capital tecnológico: tipos de
carreras de pregrado que se ofrecen
3) Capital simbólico: prestigio de
las universidades según antigüedad y ranking
La segunda parte de la investigación es una aproximación al
estudio de las preferencias subjetivas de los clientes de este campo, de
acuerdo con la estructura diferenciada entre agentes dominantes y secundarios.
Un estudio exhaustivo del habitus del estudiante de pregrado requeriría una
aproximación biográfica no solamente de los individuos sino también de sus
familias. Para los fines de este trabajo, se seleccionará a un número limitado
de estudiantes para realizar entrevistas en profundidad. También, por motivos
de acceso, estas entrevistas se limitarán a estudiantes de la Región Metropolitana.
Una vez definida la estructura de agentes dominantes y
agentes secundarios en el campo económico, se buscarán estudiantes que
pertenezcan a universidades de ambos grupos, con el fin de comparar sus
experiencias y percepciones acerca de estas instituciones. Las entrevistas pretenden
registrar el punto de vista del consumidor en relación con su posición en el
espacio social: el sentido que para el sujeto tiene la educación universitaria
(como necesidad económica, como símbolo de distinción), y los motivos objetivos
(financieros, puntajes académicos) y subjetivos (gustos, prestigio atribuido)
que llevaron a escoger esa universidad y no otra.
Referencias
Bourdieu, P. 2001. Las
estructuras sociales de la economía. Buenos Aires: Manantial
Bourdieu, P. 2007. El
sentido práctico. España: Siglo XXI
Bruner, J. J. y Uribe, D. 2007. Mercados universitarios: el nuevo escenario de la educación superior.
Santiago: Universidad Diego Portales
Ministerio de
Educación, 2011. Estados financieros de las universidades. Segunda entrega.
Disponible en:
http://www.consejoderectores.cl/web/pdf/Acta_537/Anexos_537/Estados_financieros_Universi
ades.pdf
Mönckeberg, M. O. 2007. El negocio de las universidades en Chile.
Santiago: Debate
Wörner,
C. H. 2012. Marketing en la educación universitaria chilena. Disponible en: http://www.elmostrador.cl/media/2012/09/Estudio-sistema-universitario-final.doc
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